León XIV bendijo en Barcelona la Torre de Jesús de la Basílica de la Sagrada Familia, en una ceremonia marcada por el centenario de la muerte de Antoni Gaudí, el llamado del pontífice a la unidad y la paz, y un espectáculo de luces y drones que coronó una jornada histórica para Cataluña y la Iglesia católica.
Obra de Dios
El papa León XIV esparció agua bendita con el hisopo sobre la Torre de Jesús, la más alta de la Sagrada Familia y del mundo, acompañado por los reyes Felipe y Letizia, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el presidente de la Generalitat de Cataluña, Salvador Illa.
Ante miles de feligreses reunidos en el exterior de la basílica, el pontífice alzó la mirada hacia la cruz iluminada por primera vez y recordó a Antoni Gaudí como el “arquitecto de Dios”, al destacar el sentido espiritual de una obra que se levanta desde hace más de un siglo.

“Inauguramos esta torre en el centenario de la muerte del benefactor Antoni Gaudí, arquitecto de Dios”, declaró el papa León XIV, quien también dedicó un reconocimiento a quienes han trabajado en la construcción de esta casa de oración, paz y consuelo.
Tras la bendición, un coro de niños avanzó con lámparas desde el interior del templo, mientras se encendían de manera paulatina la fachada del Nacimiento y otros puntos de la basílica, que cuenta con 19 torres proyectadas y aún tiene pendientes parte de la fachada de la Gloria, zonas interiores y el ascensor hacia la cruz.
Unidad y paz
Durante la homilía, León XIV ensalzó la basílica como “un signo de unidad y de concordia”, al señalar que la Ciudad Condal y toda Cataluña se reúnen en este templo como una familia alimentada por la vida de Cristo en la Eucaristía.
El pontífice afirmó que el templo parece tener brazos para invitar a todos a escuchar la palabra de Dios y añadió que “todos nosotros somos las piedras vivas de esta obra”, al presentar la construcción como símbolo de una vida cristiana siempre en camino.

León XIV sostuvo que la Sagrada Familia sigue siendo una obra en construcción y que esa imperfección no expresa carencia, sino una promesa que debe honrarse con coherencia, gratitud y compromiso en el proyecto de Dios.
El papa advirtió que “no podemos creer en Jesús y promover la guerra”, además de subrayar que no se puede matar al inocente ni abandonar a quien sufre, llora o huye de la miseria, porque la cruz que corona la iglesia más alta del mundo debe iluminar el camino del pueblo.
Mensaje en Cataluña
Antes de la ceremonia en la Sagrada Familia, León XIV visitó la prisión Brians 1, en Sant Esteve Sesrovires, donde llevó un mensaje de esperanza a los reclusos y les dijo que “en nuestra vida, el pasado no condena el futuro”.
En el monasterio de Montserrat, el pontífice se encomendó a la Virgen de Montserrat y pidió cultivar el amor en la familia, el trabajo, las redes sociales, los debates políticos y las comunidades cristianas, para que el odio ceda paso a la esperanza y la paz.
Unas 8 mil personas participaron en los actos de la Sagrada Familia, 4 mil en el interior y 4 mil en el exterior, mientras el papa también escuchó testimonios de reclusas y conversó con niños en El Raval sobre el valor de caminar juntos, incluso desde el fútbol.

El rostro de Antoni Gaudí fue dibujado con drones en el cielo de Barcelona al cierre de la ceremonia, tras el encendido total del templo y la aparición de la frase en catalán “Primero el amor, después la técnica”, atribuida al arquitecto que concibió la basílica.
Acompañado por el arzobispo de Barcelona, el cardenal Juan José Omella, León XIV descubrió una placa conmemorativa en la fachada del Nacimiento, que se suma a las visitas de Juan Pablo II en 1982 y Benedicto XVI en 2010, antes de que los fuegos artificiales cerraran una noche histórica.
Con información de EFE
Foto: EFE









