Por Emmanuel Melchor
Cada junio, miles de personas salimos a las calles, ya sea en nuestros municipios, estados o en la propia Ciudad de México para participar en la Marcha del Orgullo. Persiste el debate sobre si se trata de una celebración o una manifestación política. En realidad, es ambas cosas. Ya que la Marcha del Orgullo es un espacio para celebrar los avances alcanzados en materia de derechos humanos, pero también para recordar que la igualdad plena aún no es una realidad para todas las personas de la diversidad sexual y de género.
A menudo se escucha la pregunta: “¿Por qué siguen marchando?”. La respuesta es sencilla. Porque los derechos que hoy parecen evidentes fueron producto de décadas de lucha, resistencia y organización social. Porque hubo un tiempo en que las personas LGBT+ no podíamos vivir abiertamente nuestra identidad sin enfrentar discriminación, violencia o persecución institucional. Y porque todavía existen sectores de la sociedad donde la exclusión sigue siendo una experiencia cotidiana.
La historia del movimiento por la diversidad sexual en México está marcada por la valentía de quienes decidieron hacerse visibles cuando hacerlo representaba un riesgo.
En 1978 se realizó una de las primeras manifestaciones públicas de personas homosexuales en México, en el marco de una marcha política en la Ciudad de México, en donde tuvo su participación Patria Jiménez Díaz (quien posteriormente fuera creadora y coordinara “El closet de Sor Juana”) . Los avances logrados desde entonces son innegables. México ha transitado de un escenario de invisibilidad institucional a uno en el que existen importantes reconocimientos legales.
La historia del avance de los derechos de la diversidad también demuestra que las transformaciones más profundas ocurren cuando las causas logran trascender a quienes las viven de manera directa. A lo largo de los años, numerosos aliados han comprendido que la igualdad no es una demanda exclusiva de un sector de la población, sino una condición indispensable para fortalecer la democracia y el respeto a los derechos humanos. En Puebla, gobernadores como Sergio Salomón y legisladoras y legisladores como Rocío García Olmedo, Blanca Alcalá, Toño López, Nora Merino o la alcaldesaTonantzin Fernández han contribuido desde distintos espacios institucionales a impulsar debates, reformas y acciones que permitieron ampliar derechos y generar mejores condiciones para la inclusión. Su participación confirma que la construcción de una sociedad más justa requiere convicción, diálogo y la voluntad de acompañar causas que benefician al conjunto de la ciudadanía. Merece también una mención especial Néstor Camarillo, quien tanto en su etapa como legislador local y federal pero también como dirigente de partido, ha impulsado acciones y abierto espacios de participación para la comunidad.
Periodistas comprometidas y aliadas como Caro Fernández, Arlet Torres, Paty Estrada y Erick Becerra.
En la etapa contemporánea la diputada Fedrha Suriano, quien desde Movimiento Ciudadano ha promovido reformas sustanciales en materia de derechos humanos y ha defendido desde la tribuna legislativa principios fundamentales de igualdad y no discriminación.
Reconocer a estos aliados no resta protagonismo a la lucha histórica de la comunidad LGBT+, sino que evidencia que los grandes cambios sociales se construyen cuando distintas voces deciden caminar en la misma dirección.
Pero a título personal aprovecho para mencionar que en el ámbito local de Tehuacán, la apertura y el respaldo de liderazgos sociales, empresariales y comunitarios han sido fundamentales para generar espacios de respeto y visibilidad. Figuras como el maestro Sergio Vidal, Maricarmen Culebro, Rafael Tamer, Victoria Maldonado, Marco Correa Torres y Apolonia Amayo han contribuido desde sus respectivas trincheras a fortalecerse una cultura de inclusión y reconocimiento de la diversidad.
La Marcha del Orgullo no debe entenderse únicamente como una celebración festiva. Es también un ejercicio de memoria. Una oportunidad para reconocer a quienes abrieron camino y para agradecer a quienes, incluso en contextos adversos, decidieron defender la dignidad humana por encima de los prejuicios.
Foto: Cortesía
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