Por Adriana Colchado
La revelación de Jada Pinkett Smith sobre su separación de Will Smith, durante una entrevista para promocionar su libro “Digna”, desató una avalancha mediática y digital. Rápidamente, Jada se convirtió en blanco de críticas misóginas que la señalaban como «desleal» y «traicionera» (entre otros calificativos menos amables), tildando su confesión como una “humillación” hacia el protagonista de “Soy Leyenda”.
Este furor adquiere una dimensión más compleja cuando recordamos el incidente de los Oscars de 2022, donde Will Smith golpeó a Chris Rock por un comentario sobre la alopecia de Jada. Aunque esta acción violenta fue ampliamente criticada, muchos lo vieron como un acto de «defensa» hacia su esposa. Sin embargo, una revelación adicional de Jada en su libro señala que, en 2016, tras rumores de una crisis con Will, Chris Rock la había invitado a salir, lo que arroja un matiz diferente sobre el incidente. Ya no es defensa, ahora son celos y posesión.
Sin embargo, el actor, quedó como un mártir; como un “caballero” que siempre presumió y defendió a su esposa a pesar de que, al juicio de la opinión popular, ella no es una mujer digna de ese afecto y respeto según opina la muchedumbre digital, quien con este chisme tuvo pretexto para sacar sus comentarios más resentidos sobre las mujeres “que no valen la pena”.
Will, pese a todo, ha sido idealizado; porque esa famosa foto donde se le ve en una alfombra roja con los brazos abiertos hacia Jada, como un gesto de orgullo, parece haber cincelado en piedra la narrativa de que él es el caballero perfecto, el enamorado. Y no digo que no lo sea. Pero, ¿no debería ser la norma básica en cualquier relación, el respeto y la valoración mutua, sin esperar un aplauso?
Se ensalza a Will por algo que debería hacer cualquier ser humano con su pareja.
Las reacciones tras el incidente con Rock demostraron lo contrario: Jada fue señalada como ingrata por no agradecer el «acto defensivo» de su esposo, ignorando las repercusiones profesionales que esto tuvo para él, porque gracias a esa agresión nunca más estará en una premiación, o porque se le cayeron contratos. Y ¿Por qué agradecer la violencia?
Históricamente, la sociedad ha impuesto roles de género rígidos, donde las mujeres llevan la carga de la «gestión emocional». Es común que, cuando un hombre comete un error, las críticas se desvíen hacia las mujeres cercanas a él, perpetuando la idea de que ellas deberían haber controlado o influido en su comportamiento.
Es más, si no mal recuerdo, en su momento se culpó a Jada por incitar a Will a arruinar su carrera con ese cachetadón; pero ahora se le insulta por no valorar el gesto.
Si bien no es una defensa a Jada, quien tiene sus propias responsabilidades en su relación, la narrativa popular la ha presentado como la villana, posiblemente debido a prejuicios misóginos y estereotipos de género.
La sociedad aún espera que las mujeres sean perfectas y que respalden incondicionalmente a sus parejas, sin cuestionar o desafiar sus acciones.
Básicamente quieren un «con los ojos cerrados iré tras de él»… pero entiendan que nosotras preferimos, «yo no soy esa mujer».
Hasta aquí el chisme, lo viral, el tamal con crema… y también con pasas.









