No puedo soltar el tema del estancamiento económico de México, he tratado de mirar hacia otro lado, de pensar en cosas bonitas, de salir a rodar en la moto, incluso hubo un momento en que hasta traté de comprarle la narrativa al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, pero no fue posible, no pude, y créanme que lo intenté, pero es que la realidad alterna en la que anuncian que la sociedad está prosperando y que el crecimiento del PIB no es tan relevante, sólo existe en sus cabezas. Aunque sea tan barata no la puedo comprar, porque no tiene nada que ver con las previsiones más conservadoras de los expertos, el sector privado y los organismos internacionales. Pero, sobre todo, no es la realidad cruda y dura que ya se resiente en los bolsillos de los mexicanos.
Así que hubo que volver al tema ¿Por qué deberíamos estar más preocupados y ocupados de lo que hoy estamos por la economía mexicana? Porque no hay forma de que un crecimiento tan bajo, como el que México viene teniendo, sirva a mediano plazo para sostener el modelo ni para generar los empleos de calidad necesarios y, mucho menos, financiar el gasto social.
Aunque La presidenta diga que el crecimiento del PIB no es el único, ni el más importante indicador del desempeño económico, ya que no necesariamente se traduce en mejores salarios o en la disminución de las desigualdades. Y mire únicamente los resultados inmediatos de los programas sociales, sin ver el tablero completo y a futuro. Prácticamente todos los expertos, aunque reconocen la importancia del bienestar -como la reducción de la pobreza y el aumento del ingreso de las familias- insisten en que el crecimiento del PIB es una métrica fundamental para evaluar el dinamismo de una economía y sostener los avances.
Por lo que cerrar los ojos o mirar sólo hacia el lugar que está soleado en este momento no cambia el sitio en donde estamos o evita que la tormenta se nos venga encima.
Si la presidenta no quiere verlo, los inversionistas sí. La inversión privada cayó cerca de 5 %. Principalmente por la incertidumbre que tanto les gusta alimentar, ya sea por su ideología, por conveniencia o como cortinas de humo: han impuesto reformas constitucionales, fomentado una inseguridad jurídica, dificultando el acceso a la energía eléctrica, dándose tiros en el pie con déficits fiscales explosivos y tropezado con el miedo al proteccionismo de EUA.
¿Y la inversión pública? Sí, también ha caído en los últimos 12 meses. De acuerdo con el INEGI, la inversión pública se desplomó un 22.4% en el primer trimestre de 2025. Este descenso fue el principal impulsor de la caída de la inversión fija bruta total. El gobierno federal ha reducido significativamente su gasto en inversión en infraestructura. Por ejemplo, en el periodo de enero a mayo de 2025, la inversión en infraestructura del gobierno federal cayó un 29.1% en comparación con el mismo periodo del año anterior. Es importante señalar que la inversión pública en México representa un porcentaje menor del PIB en comparación con la inversión privada, pero su contracción tiene un impacto significativo en la actividad económica general y en la confianza de los inversionistas.
Y aunque, buscando consuelo, nos justifiquemos diciendo que es el mundo el que está hecho un relajo, que para donde voltees está igual, y que dado esto, México no lo está haciendo tan mal. Pienso todo lo contrario, México lo está haciendo terrible.
Tomemos por ejemplo a Vietnam, este pequeño país del sureste asiático es un ejemplo de libro de primaria: ha completado su tarea y mantiene políticas fiscales equilibradas, reformitas estructurales con sentido común, mano dura con la inflación y un flujo constante de inversión extranjera. Resultado: crecimiento sostenido en torno al 5 % anual. Y por allá tampoco es que estén las cosas muy tranquilas, sin embargo, crecen y, sí, su prosperidad es sostenible.
Para acabarla, en medio de esta incertidumbre económica, la inflación persiste, a pesar de que Banxico ha reducido su tasa de referencia. Y ni la fuerza del peso termina siendo un buen indicador, ya que responde a las altas tasas de interés en México y a un dólar estadounidense debilitado. Y sólo termina beneficiando principalmente la narrativa del gobierno y a los Morenistas que viajan con todo lujo al extranjero.
A pesar de todo, reconozco que estamos jugando en un tablero ajeno, en uno gringo: el rumbo económico de México en 2025 depende, en buena medida, de lo que pase en Estados Unidos. Nuestro crecimiento, las exportaciones, el tipo de cambio, la inversión extranjera y hasta la política monetaria están condicionados por el vecino del norte.
Con más del 80 % de las exportaciones mexicanas, si la economía estadounidense se enfría, México se resfría. Y aunque Banxico es autónomo, sus movimientos de tasas suelen ir en sintonía con la Reserva Federal. Si la Fed sube o baja, México casi siempre responde para no desbalancear al peso.
Y por supuesto, están las amenazas de los aranceles y violaciones a las reglas comerciales: la incertidumbre por posibles cambios en el USMCA (T-MEC) o medidas proteccionistas de Washington que son una espada de Damocles sobre la inversión privada en México. Y no olvidemos que la inversión extranjera directa (IED) en gran parte proviene de empresas que buscan instalarse en México por la cercanía a EUA (nearshoring).
Y sabiendo esto, México se juega su futuro económico con jugadas imaginarias o apostando con fichas que no tiene, blofeando en un tablero que se controla desde Washington. Pues no está resultando, por mucho que la narrativa oficial intente que creamos que sí.
¿Y tiene sentido desgastarnos pidiendo que juguemos mejor si a final de cuentas todo depende de lo que suceda al otro lado del río? Si bien la macroeconomía mexicana depende en gran parte de EUA (exportaciones, flujos de capital, tasas de interés, aranceles), eso no significa que estemos condenados a ser meros espectadores.
Lo que sí se juega en México: la calidad de nuestras instituciones, la seguridad jurídica, la confianza para invertir, la eficiencia del gasto público, la infraestructura, la innovación y la capacidad de nuestras empresas (sobre todo MIPyMES) para adaptarse. Todo eso no se decide en la Casa Blanca, sino en el Congreso mexicano, en los gobiernos estatales, en las cámaras empresariales y hasta en la gestión diaria de cada negocio.
Lo que sí se puede hacer desde aquí: mejorar la logística, simplificar trámites, garantizar contratos, invertir en energía confiable, fomentar talento y digitalización, proteger la competencia, reducir la corrupción.
Y no olvidemos que no hacer nada implica: dejar que EUA dicte la agenda y seguir en la lógica de “cuando ellos estornudan, a nosotros nos da pulmonía”. Y peor aún: perpetuar un modelo dependiente, sin autonomía económica real.
Y no es sólo teoría, hay ejemplos exitosos como Vietnam, de nuevo, y Corea del Sur, que también dependen muchísimo del comercio con potencias (China y EUA), pero han construido estrategias industriales y de innovación que les dan margen de maniobra.
Así que, aunque el tablero es gringo, México decide cómo juega sus fichas locales. Lo que debatamos y acordemos aquí sí importa: no cambia el clima internacional, pero sí define si salimos con paraguas o si nos empapa la tormenta.
En este contexto ¿Qué pueden hacer los empresarios, especialmente las MiPymes? Es claro que a como están las cosas, estar esperanzadas no basta. Tampoco ayudará cerrar los ojos o mirar para otro lado, mucho menos comprar la narrativa del gobierno. Hace falta:
- Innovar con astucia: buscar nichos, digitalización, calidad exportable.
- Unirse y negociar colectivamente: asociaciones, clústeres y alianzas para apretar costes y exigir mejoras.
- Sustentarse en redes y canales alternativos: capital privado, fondos locales o internacionales, crowdlending, etc.
- Formación y reconversión: adoptar tecnologías, capacitarse, certificarse, exportar… todo aquello que añada valor real.
- Anticiparse a shocks: diversificar mercados, proveedores, proveedores financieros; no poner todos los huevos en la canasta “USA”.
Porque al final, si los empresarios —sobre todo las MiPymes, columna vertebral del empleo en México, no empujan, la economía no se recuperará.
Y aunque el juego sea injusto y no estemos ganando, todavía tenemos fichas para jugar y acciones que impulsar: certeza institucional, ahorro interno, inversión pública bien dirigida, atraer inversión extranjera, disciplina fiscal y empresariado resiliente. Lo que no hay es tiempo, es para hoy.
¡Un abrazo!
Rubén Furlong Martínez
Los leo en X: @RubenFurlongM










