La semana pasada estuvo de lo más rara, si es que eso es posible en México. Desde el lamentable rifirrafe entre dos diputadas, que al parecer querían oler la loción que usa el secretario Harfuch, y que terminó con una de ellas disfrazada de una especie de Gatúbela, en un intento por capitalizar políticamente el desagradable chiste que el diputado Monreal soltó para la ocasión.
Sé que nada de lo que haga el senador Adán Augusto es consuelo de nadie, pero en descargo de las diputadas, el mismísimo “hermano” del expresidente volvió a hacer el ridículo al arrejuntarse sin pudor al secretario de Seguridad cuando éste visitó el Senado. Tal vez era un intento de exhibir su altísimo nivel de impunidad, pero cuando, en la rueda de prensa, el propio secretario respondió preguntas sobre La Barredora, al senador no le quedó más que poner cara de “meme viral” que pasará a la historia.
Pero sin duda, lo que marcó la semana fue el juego de “¿Dónde está Wally?” que la presidenta Sheinbaum y el exfuncionario de la 4T reconvertido en crítico de los López y peligroso pateador de puertas: Simón Levy, protagonizaron para deleite culposo de las masas. Era como ver a los personajes de Scooby Doo entrando y saliendo de puertas colocadas a lo largo de un pasillo, perseguidos por un espectro.
Es triste que la presidenta vuelva a prestarse a estas cortinas de humo. Su círculo cercano debería cuidarla más; si no lo hacen por ella, que lo hagan por la investidura… diría el clásico.
Hay tantos temas urgentes que deberían ser atendidos y los funcionarios que deberían hacerlo optan por distraernos con banalidades y shows de carpa. Entendemos que son temas terriblemente complejos de resolver y que ellos no están capacitados ni interesados. Sabemos que su principal preocupación es evitar ser exhibidos tal cual son.
Por eso las cortinas de humo, por eso jugamos a “¿Dónde está Wally?”, ya que nos distraen de los asuntos que verdaderamente importan, de aquellos que trascenderán, que nos dañarán y que los exhibirán. Y aunque por su relevancia, no se pueden acallar totalmente, sí se habla muy poco, se les minimiza y se pasa la página muy rápido con ellos.
Lo lógico sería que si los funcionarios no pueden, renuncien. Ya se los han dicho. Pero eso hoy es impensable; requeriría de un nivel de responsabilidad y honestidad que no se ha visto nunca en el rubro. Así que la otra opción es que a partir de la denuncia pública y de un hartazgo social, los ciudadanos los obliguemos. No es fácil, pero es más probable que la otra opción.
Mientras llega ese día, que llegará, revisemos lo que esta semana recibió menos atención que el juego de Wally y el BatiShow en el legislativo, para que se den una idea del tamaño del asunto.
Esta semana debimos estar súper enfocados en la economía nacional, tres asuntos fueron importantísimos:
Primero, la contracción del PIB y la reacción de los mercados a ello. Desde la pandemia no teníamos una caída anual así, un dato durísimo que no deja ninguna duda del rumbo que llevamos y del que los mercados ya tomaron nota.
Segundo, apenas le dedicamos unos minutos al tema de las aerolíneas mexicanas sancionadas por Estados Unidos y que va de la mano con el caprichito del AIFA. Un problema que la presidenta heredó de su antecesor. El descuido y la soberbia detonaron una crisis aeronáutica, cuando el U.S. Department of Transportation canceló la aprobación de 13 rutas de aerolíneas mexicanas entre México y EE.UU., y prohibió el “belly cargo”. Afortunadamente el interés común está prevaleciendo. Ni nos enteramos de lo cerca que pasaron las balas, las pérdidas para el sector aeronáutico, turístico y logístico de ambos países hubieran sido catastróficas.
Tercero, el campo mexicano apareció, cansado de tanta indiferencia, de sobrevivir apenas con lo mínimo y de los oídos sordos del régimen. Productores de maíz en estados como Guanajuato, Jalisco y Michoacán bloquearon al menos 33 carreteras para exigir un precio justo por tonelada. Las pérdidas son en miles de millones por interrupciones en transporte y logística. La empatía social estuvo con los productores, el abandono histórico del campo es evidente. Como también lo fue el poco interés que parecía tener el gobierno en resolverlo, hay muchas suspicacias alrededor de este tema.
Y no podríamos cerrar el catálogo de temas económicos a los que el gobierno casi no les dedica tiempo, minimiza o esconde tras una cortina de humo, sin mencionar la acusación que la U.S. Chamber of Commerce y la Business Roundtable, hicieron sobre la forma en que México ha roto el equilibrio del T-MEC con la politización del Poder Judicial, el uso del SAT como arma, la poca certidumbre y el riesgo económico de nuestras políticas. ¡No me gusta decir “se los dije”, pero… “se los dije”!
Estamos a unos meses de la revisión trilateral del T-MEC y cada día se ve más cuesta arriba para México.
Mientras tanto la corrupción en México sigue siendo un cáncer tan extendido y aceptado que el gobierno evita extirpar. Los escándalos son permanentes, ni siquiera necesitan su propia cortina de humo, lo que hoy se descubre de un funcionario, mañana será cubierto por lo que se descubra de otro. Son tantos. Quedémonos con la imagen del diputado Noroña y su viaje súper vip, pagado por quiensabequién, a Medio Oriente para terminar con la escena de él llorando en cámara. Una sensibilidad que no le conocíamos, o al menos nunca provocada por sus compatriotas.
En materia de inseguridad y violencia, nadie puede pensar que esto va bien. Con el crimen organizando a cargo de territorios cada vez más grandes, con ciudades que habían logrado mantener su burbuja de aparente seguridad y hoy viven bajo ataque. Sin ir más allá, octubre cerró con más de 50 asesinatos diarios.
Aun así, a pesar de los juegos de escondidas y los “Batishows”, hay momentos en que la realidad nos alcanza brutalmente y escupe sangre a la cara del régimen. Ni la cortina de humo más densa puede ocultar el cobarde homicidio del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, un padre de familia que con una voz valiente habló por sus ciudadanos y señaló lo que padecían, padecimientos que se repiten por todo el país, pidió ayuda y advirtió los riesgos, pero no fue escuchado, es más, se le ocultó entre el ruido de las risitas y la banalidad cuatro teísta.
Uno más para la cuenta.
Culpar a todos para evadir la responsabilidad es cada día menos efectivo, siete años controlando absolutamente todo el poder tira por el suelo el argumento. La polarización como política de gobierno y las cortinas de humo son la estrategia que aún les funciona.
Como ciudadanos es imposible que no nos distraigamos y encandilemos con el show, ¿Cómo se resiste uno a ese humor involuntario que diariamente nos proveen desde todos los niveles?
Pero no olvidemos que ser el público para el que actúan no nos hace parte del elenco, recordemos que son magos que nos distraen con tonterías mientras lo importante pasa bajo la manga. Hoy más que nunca, no podemos perder el foco de lo importante, lo urgente. Seamos exigentes, críticos, informémonos y argumentemos nuestras opiniones, escuchemos distintas posiciones y alcemos la voz.
No pueden, toca pedirles su renuncia. No importa el color.
Un sueño guajiro de los ciudadanos que puede hacerse realidad, ejemplos en el mundo hay, las opciones en México se están construyendo, aunque no se mencionen mucho o se pierdan entre las cortinas de humo.
Un abrazo.
Rubén Furlong Martínez
Los leo en X: @RubenFurlongM










