Mónica Zárate Hernández
Si bien el entretenimiento ha sido una actividad propia de la dinámica humana desde sus orígenes; poco a poco, la incidencia que tiene en los diferentes ámbitos del desarrollo social ha provocado que su profesionalización sea una demanda de las audiencias y una necesidad de sus productores a fin de lograr que cada oportunidad de ocupar el tiempo de ocio se viva como una experiencia diferente.
Es tal la importancia de estas actividades de entretenimiento, que forman parte de lo que se denomina la industria cultural y/o industria creativa; en la cual la generación de conocimiento e innovación a través de la creatividad generan bienes culturales, cuyo valor no sólo reside en el impacto económico que producen, más del 7% del PIB nacional con un crecimiento anual del 8.7% a nivel global; sino en su invaluable aportación con nuevas ideas, teorías y tecnologías, signos inequívocos de cambio transformativo social y fortalecimiento de la identidad cultura.
Manifestaciones creativas como la música, el teatro, la industria editorial, la publicidad y los más recientes formatos tecnológicos para el entretenimiento digital, entre otros, son ejemplos claros de dicha industria que día a día buscan adaptarse para enfrentar a públicos más exigentes que esperan sorprenderse con experiencias diferentes que les satisfagan como consumidor final.
Este riguroso requerimiento de las audiencias por experimentar productos de entretenimiento que impacten todos sus sentidos permitiendo la evocación de la sensación vivida constantemente, obliga la estandarización y formalización de los diferentes procesos que los crean para asegurar la calidad de los mismos y garantizar el resultado en sus consumidores.
Los creativos de esta industria se convierten de artesanos a visionarios estratégicos que con un conocimiento profundo de las necesidades, cada vez más cambiantes, de sus diversos públicos y de los recursos de talento humano, materiales y tecnológicos conciben conceptos que transforman en bienes que coadyuban a la economía, al desarrollo cultural, pero sobre todo y como se ha demostrado en estos tiempos de crisis, a mantener procesos interacción y desahogo que contribuyen a la armonía social.
De esta manera, la Universidad Anáhuac Puebla aporta significativamente a la industria creativa a través de la licenciatura en Dirección de Empresas de Entretenimiento, cuyo objetivo es formar profesionales del sector que con un sustento teórico y práctico desarrollen un pensamiento estratégico con valor, responsabilidad, ética y sobre todo de respeto para sus audiencias.










