Lic. César Sotomayor S.
Hace casi medio año el ocho y nueve de marzo, la voz de cientos de miles de mujeres de manera firme y contundente se escuchó en todo México, en unísono se reclamó por la pasividad gubernamental y el desdén de la sociedad ante las constantes agresiones traducidas muchas veces en feminicidios, lamentablemente datos estadísticos demuestran que en el contexto del confinamiento por la pandemia la violencia de género ha tenido un incremento sustancial. Debemos recordar esa movilización revestida de valentía y coraje, donde se alzo la voz en un ¡basta! En ese momento se ganó una conciencia colectiva respecto a los efectos negativos de la violencia machista en todas sus dimensiones que esperemos pronto se materialice en el tejido de redes de solidaridad para exigir cambios de fondo en la legislación y en políticas públicas que se asocien al bienestar colectivo con alto sentido de responsabilidad y compromiso de todos.
Según datos del gobierno de México: “La alerta de violencia de género contra las mujeres es un mecanismo de protección de los derechos humanos de las mujeres único en el mundo, establecido en la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y su trámite para emitirla o concederla lo describe el Reglamento de dicha Ley.” En respuesta a esta alerta el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio señaló: «Las políticas públicas en la materia, han sido reducidas al discurso y no a la implementación real, que impacte de manera positiva en la vida de las mujeres mexicanas». Dicho Observatorio esta conformado por 43 organizaciones de la sociedad civil ubicadas en 23 estados del país, con lo que 18 de las 32 entidades federativas, es decir, el 56% del territorio nacional, se encuentra formalmente declarado en Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres. De 125 millones de habitantes en el 2019, 51% son mujeres es decir 63.75 millones, de las cuales 43.5 millones de mujeres igual al 68% de encuestadas de 15 años y más sufren violencia de genero, ya sea emocional, sexual, física, económica o patrimonial.
La violencia de género es aquella que sufren las mujeres por razones sexistas o basadas en su género, situada en el contexto del patriarcado que sostiene la inferioridad y subordinación de las mujeres y que no sólo es reproducida por hombres, sino también por algunas mujeres; incluye a la violencia doméstica o intrafamiliar, así como a la violencia hacia la mujer en cualquier ámbito. Aquí es importante señalar que la violencia no solo es de hombre a mujer sino también de mujer a mujer.
El Secretariado Ejecutivo del Sistema de Seguridad Pública arrojo que, entre enero y abril de 2020, se registraron 33,240 delitos contra mujeres, 58% de las denuncias fueron por lesiones dolosas; 16%, por lesiones culposas; y 3%, por delitos que atentan contra la vida y la integridad corporal. El Consejo Ciudadano de Seguridad Pública y Procuración de Justicia de la Ciudad de México, señaló que el aumento de la violencia hacia las mujeres, que en el Consejo se mide mediante llamadas de auxilio, hasta marzo de 2020 ha tenido un aumento de 70% comparado con marzo del año pasado.
Al menos 16 embajadas acreditadas en México, así como la entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres y Niñas, ONU Mujeres y la Mesa de Cooperación Internacional para la Igualdad de Género (MCIG), en territorio mexicano, manifestaron preocupación por el incremento de la violencia en contra de este sector social registrada en el país, tras el impacto de la pandemia por COVID-19. A través de un comunicado que firman, entre otros, las embajadas de Alemania, Austria, Bélgica, Canadá, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Japón, Irlanda, Noruega, Nueva Zelanda, Países Bajos, Reino Unido, Suecia y Suiza, éstas subrayaron que no es aceptable que las mujeres y las niñas sean las más afectadas por la crisis de salud y económica.
Sin duda estamos obligados a construir una mejor sociedad, en donde la cultura del respeto, la tolerancia y la prudencia para con los demás sean el motor cotidiano de todos, por supuesto necesitamos de Gobiernos consientes, que bajo ninguna circunstancia permitan las agresiones y los abusos hacia los más débiles. El camino es la educación primero en casa y después en las escuelas, primero con el ejemplo y después con la repetición de las buenas conductas.

Notario Público, Mediador Certificado por el TSJEP y profesor académico de la ELDP
Autor de los libros: “Esencia Social” y “Esencia de la Representación”









