La economía pende de un hilo.
La crisis del COVID-19 a un año de su aparición ha dejado desazón entre los habitantes de Puebla, incertidumbre entre las empresas y sus trabajadores e inestabilidad social.
Está claro que hay cinco variables que debieron controlarse para poder pensar en la normalización de la vida que el gobierno federal quiso vender a mitad del año pasado, pero cuya falsedad terminó por evidenciarse.
1. Nunca se generó conciencia entre la mayoría de la sociedad de asumir, respetar las medidas preventivas ampliamente difundidas a nivel mundial y tibiamente comunicadas por el gobierno federal.
2. Las medidas restrictivas para impedir la movilidad social no consiguieron su propósito: frenar la salida de personas a la calle, salvo honrosas excepciones. Me explico:
A) Sí se frenó la salida de niños y jóvenes a miles de colegios, lo cual dio como resultado una reducción a cero del riesgo de contagio en la escuela pública y privada.
B) Sin embargo, aunque no iban a clases, millones de jóvenes siguieron saliendo porque sus padres no podían vigilarlos, debido a sus empleos, o por falta de cohesión familiar.
C) Otra medida acertada fue cerrar espacios de diversión que eran focos de contagios naturales como balnearios, baños públicos, cines, pero se causó una quiebra del 20% al menos de restaurantes y otros giros comerciales.
D) La presión de la simbiosis México-Estados Unidos-Canadá obligó a cerrar la industria apenas unas semanas, con lo que no se logró frenar a cero los contagios en las manufactureras, pero sí se evitó un colapso de las firmas mexicanas que habrían perdido contratos multianuales que les habrían quitado los asiáticos.
3. Algo terrible fue la escasez de medicamentos, instrumental médico, equipo, uniformes y personal en los hospitales públicos, que produjo historias desgarradoras. A esto se suma la incapacidad de México de adquirir vacunas pronto y suficientes y aplicar las que llegan por goteo de manera ordenada, rápida y efectiva.
4. La incapacidad de frenar los contagios llevó al gobierno federal a mentir, truquear las cifras, inventar semáforos inservibles que pocos gobernadores respetan, y a hacer conferencias que se convirtieron en galimatías llenos de mentiras.
5. Finalmente, el encargado de la estrategia, Hugo López-Gatell, desgastado, criticado hasta el cansancio y quien al principio se creyó que podría ser un rock star electoral, terminó haciendo el ridículo en varias ocasiones, como la última, paseando con su pareja, pese a él mismo reconocer su alta capacidad de contagio tras salir positivo después de su cuarentena al adquirir COVID-19.
Es a todas luces un escenario nada alentador llegar a un año con números tan altos, como alrededor de 200 mil muertos, con una tasa de letalidad del doble del promedio mundial.
¿Cuánto falta? Mínimo otro año. ¿Aguantaremos? Pues quienes vivan, lo harán con gran dificultad porque el saldo será de dimensiones insospechadas.
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