No por mucho madrugar, amanece más temprano; camarón que se duerme, se lo lleva la corriente; al que madruga, Dios le ayuda; más sabe el diablo por viejo, que por diablo; a quien con poco se contenta, el diablo no le tienta. Si no puedes lo que quieres, quiere lo que puedes. Al nopal se le va a ver sólo, cuando tiene tunas.
Además de ser un recurso de expresión oral, los refranes tienen un contenido de gran interés y trascendencia sociocultural.
Existen más de sesenta mil refranes, recopilados por diversos autores, con distinto y a veces contradictorio contenido y valor, que forman parte de la lengua en muchos países del mundo.
Nos dan sentido de pertenencia a la familia y a nuestra cultura, porque forman parte de nuestro origen, son herramientas elementales de comunicación, tanto para personas instruidas como para las que no. Provocan un ejercicio de análisis, de comprensión, y de asertividad, pues nos obliga a desarrollar la habilidad de saber cómo, cuándo y a quién decírselos.
Pueden servir como un consejo que está respaldado por una tradición, donde no es uno, sino todos los que hablan, con un saber sin tiempo.
Los han usado nuestros padres y abuelos, lo que nos proporciona un punto de referencia, y un gran sentimiento de solidaridad intergeneracional.
Y suele ser hasta divertido el hecho de que, además de conocerlos, al menos unos cuantos, y entender qué significan, representan un reto al intentar saber cómo integrarlos en nuestro lenguaje cotidiano.
Pero, ¿Todos los refranes son verdaderos? ¿se aplican a todos? Los tiempos y costumbres pueden cambiar a través del tiempo y los refranes no coinciden siempre con la realidad.
Llevan ciertamente mucho de verdad, pero no son una ley universal. Y ante el mismo suceso podemos encontrar, según sea nuestra conveniencia, refranes que sí apliquen, nos ayuden y sirvan y otros que no. Los refranes solo nos permiten hacer inferencias, y pueden ayudarnos a entender el mundo de una manera diferente. Lo cierto es que tan válido es un refrán que afirme una cosa, como otro que la niegue. La realidad tan cambiante, da para eso.
Podemos llegar a tomarlos como dogma de vida, pues nos recuerdan a nuestros padres y a nuestra infancia, asegurando que los refranes que más utilizaron son de su autoría, aunque sepamos que no es así. Por eso son tan importantes para nosotros, por eso creemos que siempre representan la verdad.
Sin embargo, no determinan la realidad, ni nuestro modo de actuar, y aunque pueden regular o controlar comportamientos individuales y sociales, también pueden generar culpa, indignación o molestia. Pues podemos escuchar que, “árbol que nace torcido, jamás su tronco endereza”, donde se da por sentado que una persona no puede ya cambiar, y aunque es difícil hacerlo cuando se ha vivido de una determinada manera, siempre existe la posibilidad de una resignificación de vida y de la propia historia.
O “Que el amigo que no da, y el cuchillo que no corta, que se pierdan poco importa”. Podría no encajar con quienes aseguran que una amistad existe justo cuando se recibe de ella, alguna enseñanza, compañía o consejo.
Y ya ni se diga “Mujer al volante…peligro constante”, refrán por demás misógino, que representa una clara discriminación a la mujer, prácticamente imposible de mencionar en nuestros días. La variedad de los refranes está determinada por las diferentes opiniones que se tienen de una realidad tan diversa.
Por esta razón cada refrán debe analizarse detenidamente, pues así como podemos tomarlo con filosofía y modificar actitudes, también puede, al no estar bajo la autoría de alguien en particular, deslindar de toda responsabilidad a quien lo expresa, lastimando a más de uno, si no se interpreta adecuadamente.
Pues sabemos que dentro del proceso de comunicación, intervienen tantos factores, que los mensajes enviados pueden distorsionarse al grado de generar un conflicto entre hablantes. El tipo de mensaje, el momento, y sobre todo el tipo de relación entre ellos, pueden confundir cualquier intención, o el propio contenido de los refranes.
Entonces, aprendamos y entendamos que el refranero, es parte importante de nuestra cultura y, sobre todo, tengamos cuidado al expresarlos, pues, aunque es verdad que contienen mucha sabiduría, también pueden lastimar a los demás, porque en cierto modo, no comprometen a quien los utiliza.
Su gracia, por lo tanto, residirá en la habilidad que desarrollemos para comprenderlos y aprovecharlos, tanto para acrecentar nuestra cultura, fortalecer la inteligencia, como para mejorar nuestra vida.
Ahora que bien podríamos decir: “Árbol que nace torcido, en un bello bonsái se ha convertido”.
Y RECUERDEN, TODO SALDRÁ BIEN AL FINAL. Y SI LAS COSAS NO ESTÁN BIEN, ENTONCES, TODAVÍA NO ES EL FINAL.










