Por Leticia Montagner
El presidente de la República Andrés Manuel López Obrador tiene la razón política de difundir sus ideas en todo momento en favor de su partido, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), -que por cierto va rumbo a la extinción-, más no tiene la razón jurídica.
Sucede que en México todo lo hacemos al revés y en cuestiones sobre todo electorales hay toda una legislación tortuosa según el Gobierno Federal en turno y la respectiva oposición y por ende la obtención de las mayorías en la Cámara de Diputados y el Senado de la República.
Los mexicanos admiran la democracia norteamericana. Es el ejemplo del mundo, su pureza, sus actividades, la pelea entre un partido conservador y otro liberal. La mayoría de presidentes logró la reelección, utilizan el avión presidencial y los gastos de campaña corren por cuenta del Estado. Pueden hacer propaganda hasta el mismo día de los comicios.
Y nadie se espanta. Lo mismo sucede en las democracias europeas como Alemania y Reino Unido. Ah, pero en México es diferente. Si gobernaba el PRI, el aparato de estado se volcaba en favor de su candidato. Era sagrada la jornada de reflexión de tres días previa a la votación, norma copiada de España.
Ante el avance de la oposición, propiciada por el mismo régimen, pues hay que recordar la famosa Reforma Política de Jesús Reyes Heroles y José López Portillo, los partidos de derecha y principalmente los de izquierda, siempre aliados en esos menesteres electorales, fueron acorralando al viejo régimen, impusieron candados y prohibieron al Gobierno y al Presidente, realizar actos de propaganda y menos gastar dinero de las arcas públicas.
Sin embargo, en cuanto llegaron al poder, primero el PAN, legislaron para su conveniencia política. Y ya no se diga ahora que los morenistas, la izquierda, llegaron al poder. Ahora hacen lo mismo que hacían los políticos y funcionarios del viejo régimen, que tanto criticaron, pero no han cambiado las leyes.
Es cierto que ya amenazan con una reforma electoral después de las elecciones, incluida la desaparición del Instituto Nacional Electoral, luego de los traspiés de los candidatos a los gobiernos de los estados de Guerrero y Michoacán.
Nada de que impresionarnos, cuando se llega al poder, después de haber sido una rabiosa oposición, las perspectivas y actuales cambian, con una vara se mide cuando se critica y con otra cuando se ejerce el poder.
El discurso y las acciones del actual gobierno son de forma, con la intención de conservar el poder, pero no tienen fondo.

Periodista. Catedrática de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la BUAP. Pionera en Puebla de noticiarios y programas de radio con perspectiva de género desde 1997.









