El sector automotriz a nivel mundial se ha sumado a la transición energética. Algunas empresas incluso han decidido ya cerrar sus laboratorios de desarrollo de motores a combustión interna (basados en gasolina y diésel) para desarrollar motores eléctricos y de hidrógeno.
Pero el compromiso del sector automotriz es completo. No significa solo fabricar autos de bajas emisiones (híbridos) o sin emisiones, sino fabricarlos de la forma más limpia posible, sin emisiones o con emisiones neutras.
El compromiso es para 2035 o 2040, o sea en 14 años-19 años, que para la empresas es un periodo corto. Es importante decir que la transición del sector automotriz no significa solamente que las armadoras de autos usen energía limpia, sino que también sus proveedores deben hacerlo, pues las emisiones se miden en toda la cadena de valor.
Esto lleva a que la industria de fabricación y armado de autos use energía limpia para desarrollar sus actividades, no solo por razones ambientales, sino porque también la energía renovable es la forma más barata que tenemos de generar energía en el mundo. Usar energía renovable entonces también baja los costos de producción.
México tiene dos formas en que la industria automotriz puede satisfacer sus necesidades de energía limpia, la gran mayoría lo hacía mediante el modelo de autoabastecimiento eléctrico, creado en 1992 y que se acabó en 2014 con la reforma de Peña Nieto. Este modelo implica que ellos por si solos o mediante una sociedad de autoabastecimiento generan su energía en algún parque eólico, solar o incluso geotérmico y consuman la energía en otro punto de la red y pagan por el uso de la misma.
Después de la reforma pueden hacer contratos de suministro eléctrico con un “mayorista” (suministrador de servicios calificados) y contratar con el energía 100% limpia, que se reconoce mediante Certificados de Energía Limpia.
La reforma Bartlett hace imposible esto por tres razones: primero, porque se acaban los certificados de energía limpia. Segundo, porque al constituirse un monopolio en el suministro eléctrico, de nada servirá que haya varios generadores limpios y privados pues estos no podrán firmar contratos con usuarios finales para suministrarles energía limpia; y la tercera, porque al forzar a usar energía de CFE y recibir el 54 por ciento de esa energía de esta empresa, estarán asegurándose de recibir energía de las termoeléctricas y carboeléctricas que CFE deberá usar para llegar al 54por ciento de generación.
Entonces, las armadoras de autos en México no tendrán mecanismos para cumplir con sus obligaciones de energía limpia, además de que el costo de su energía eléctrica subirá.
Si consideramos además que el TMEC obliga a ir emparejando los salarios en la industria armadora en México respecto a sus socios comerciales, pues perdemos lo que pudo considerarse una ventaja competitiva más, la mano de obra barata.
Al tiempo que sucede eso en México, en Estados Unidos hay una carrera frenética por la transición energética. O sea, en el vecino país del norte puedes encontrar energía limpia, más barata y el asunto de los salarios se irá emparejando.
¿Qué ventaja tendrá estar en México?
Ninguna.
Concluyamos entonces: en caso de aprobarse la reforma eléctrica o de seguir frenando a la industria eléctrica ilegalmente como lo ha hecho este gobierno, no habrá manera de mantener en México a las armadoras de autos en el país en el mediano plazo, ni con esquemas de incentivos menores. Si Estados Unidos crea esquemas de incentivos para atraer la fabricación de autos, el esquema será para que no se vayan a otros países de la región u otras regiones, porque México con su estructura energética no es atractivo. Hace esquemas de este tipo en México es completamente inútil, no se atraerá nada con esta estructura energética.
Entonces, la amenaza de Tatiana Clouthier de proceder si Estados Unidos establece incentivos para la industria automotriz solo demuestra que la Secretaría no ha entendido dónde está sentada, todo lo que rodea al sector ni lo que significa el sector energético para la economía.
¿De verdad quiere Clouthier que las inversiones de la industria automotriz se queden en México?
La tiene fácil, tiene que emular lo que hizo su papá hace 33 años: pelear contra el intento autoritario de Bartlett y en este caso bloquear su reforma.








