Hace algunas semanas en una cena de emprendedores originarios de Chile, Argentina, y México realizada en Bogotá, surgió un debate acerca de la diferencia entre la sana ambición y la avaricia mal plan. Mientas unos argumentaban que el crecimiento de las empresas debe ser ilimitado, otros opinábamos que en todo hay un sano limite, nos preguntábamos ¿Hasta cuánto es suficiente para un emprendedor?
La plática surgió a partir de una noticia, el emprendedor que fundó la compañía «Patagonia» había declarado que «ya era suficiente», había logrado llevar la empresa a un tamaño que nunca soñó, en lo personal contaba con una libertad financiera suficiente para varias generaciones. Decidió entregar las acciones de la empresa a una organización filantrópica. De ahora en adelante los dividendos serían para apoyar causas sociales y no para él.
Por un lado es claro que el emprendedor busca crear el mayor valor compartido posible, ser de alto impacto, y crecer a nivel local, nacional, y global. No hacerlo sería un desperdicio de talento y en cierta forma conformismo.
Por otro lado siempre está presente la duda de hasta donde debemos crecer la empresa, si existe la posibilidad de perder el control, de que poco a poco pierda la mística por la que la iniciamos, que se vuelva el tipo de empresa que tanto criticamos antes, empresas sin alma, empresas que hacen lo que sea con tal de generar dinero para los accionistas.
Adicionalmente, como emprendedores, como personas, siempre tendremos la inquietud de lo que abandonamos con tal de hacer crecer la empresa. Cuantos momentos familiares, amigos, y sueños irremediablemente perdidos a costa del crecimiento acelerado de la empresa.
Es común encontrarnos con grandes propuestas de valor pero que el crecimiento les quita su esencia, cientos de unidades abiertas, presencia en decenas de países, y cada nueva unidad, el modelo se desvirtúa y deja de tener ese toque mágico con el que soñamos al crearlo.
¿Cuál es el límite? ¿cuántas unidades? ¿cuantos mercados? Ser el líder local, después regional, después nacional, después mundial, tener una enorme participación del mercado e incluso ahogar a cualquiera que te pretenda competir.
¿Debemos como emprendedores generar condiciones para ser los únicos en el mercado?
Al final de la cena concluimos que el límite de cada emprendedor es personal, cada uno tenemos nuestro propio umbral del dolor ante el crecimiento, y no hay una respuesta única
o correcta de cuando debemos parar y enfocarnos a nosotros mismos, a nuestros sueños abandonados, a nuestros amigos, familia, hobbies, compromisos ciudadanos.
¿Hasta cuánto sería suficiente para ti?










