Las encuestas hasta hace pocos años eran vistas como una seria herramienta de marketing para medir diferentes aspectos como la intención de los votantes previo a una elección. Sin embargo, la credibilidad en ellas ha decaído por diversos factores que aquí comentamos.
Cuando inicia una campaña política las encuestas se convierten en el mapa que nos dice en donde estamos parados y que posibilidades tenemos para llegar a nuestros objetivos, principalmente el triunfo electoral.
Hace algunos años Carlos Alazraki dijo en una en una entrevista palabras más o palabras menos que el ejercicio del marketing político estaba acotado al trabajo con los indecisos o el voto switcher, es decir esa porción de los votantes potenciales que no está casado con un partido y tule votar de una u otra manera.
Esta perspectiva le quitó un poco el glamour al ejercicio del Marketing político ya que presentaba a los números que arrojan las encuestas un poco como una herramienta para encontrar pequeñas y escasas posibilidades de acción y más como una lápida que anticipaba una derrota o una victoria.
Con el tiempo el discurso sobre las encuestas cambió por “Son una radiografía del momento” -se decía-. Esto hizo recuperar un poco la esperanza de que en un escenario donde la única constante es el cambio, estas radiografías que se mueven alegremente día a día, semana a semana reflejan los esfuerzos de los equipos de campaña. El tema es que estos movimientos suelen ser lentos y marginales.
Luego vino el boom de las encuestadoras, alentados por la necesidad de medir los esfuerzos de marketing y por otro lado viendo el jugoso mercado que se abría en ese rubro empezaron a proliferar empresas de todos tamaños, algunas de ellas de dudosa reputación, procedencia e incluso existencia. Todo el mundo tenía un compadre que hacía las mejores encuestas. Esto enrareció el ambiente de credibilidad.
Por si este escenario no fuera suficientemente malo los partidos políticos empezar a utilizar estos estudios como herramientas de desinformación o de disuasión para que los votantes al pensar que una campaña estaba perdida ya no salieran a votar. También fueron utilizadas como hilo conductor para el Story Telling en donde el candidato más débil caminando de la mano de su pueblo lograba salir del último lugar de las encuestas para encontrarse con la victoria.
Hay que decir que esto último ocurre solo en muy raras ocasiones. Se pueden contar muy pocas historias de ese tipo. Al mismo AMLO le tomó varios sexenios mover los números lo suficiente como para ganar la presidencia.
Hoy estos estudios enfrentan un nuevo reto. Las encuestas serán el fiel de balanza en la elección del candidato de Morena. Es decir, el partido se decantará por la persona que tenga mayor popularidad y mejores posibilidades de ganar. Hay ciertos bemoles en la interpretación que se dará a los resultados si existe más de una pregunta en este estudio. Es aquí donde el Señor en su calidad de árbitro del movimiento que encabeza podría mover el tablero a su antojo.
Hay quienes se preguntan si Marcelo Ebrard quien aparece en casi todas las encuestas en segundo lugar tendrá la capacidad para en muy poco tiempo mover los números a su favor, lo suficiente para hacerse del liderato. O si por el contrario las encuestas anticipan una derrota (una lápida para sus aspiraciones) y el retrato del momento que pone a Claudia Sheinbaum a la cabeza se convierte en el retrato presidencial que adornará las oficinas de los funcionarios de gobierno el próximo sexenio.
Estamos atentos que las encuestas para elegir candidato de Morena serán de los más interesante. Hasta la próxima.
Twitter: @luisfernando_jf










