A un mes de la campaña de limpieza étnica en Palestina emprendida por las Fuerzas de Defensa Israelís tras el ataque de Hamas del 7 de octubre, cabe preguntarnos por qué seguir escribiendo acerca de ello. Es un hecho que ya todas las personas informadas han externado su posición, mientras que el gran público sabe que otro episodio de esa guerra recurrente se está librando con violencia desproporcionada. Si en el primer caso podemos identificar que, pese a las múltiples celebraciones postguerra fría los campos e idioma ideologizados se refrendan, en el segundo la batalla propagandística parece perdida para los imperialistas. La narrativa que Israel se defiende legítimamente frente a la hostilidad de enemigos mezquinos ya no funciona. Israel produjo las condiciones que en Gaza permitieron el surgimiento de Hamas, lo alentó como alternativa fanática a Fatah, y le ha usado para justificar sus renovados abusos. Eso, que se ha documentado extensivamente en la academia israelí e insistentemente denunciado desde Haaretz, pudo salir finalmente hacia el mundo.
Las protestas por el desbordado frenesí de sangre, tras haber acusado desde la prensa internacional de ello a Hamas, trataron de ser contenidas por los gobiernos de Francia, Reino Unido, Canadá y los Estado Unidos. Primero con el chantaje que toda acción distinta a un respaldo incondicional a campaña sería considerada antisemita, posteriormente con penas administrativas y legales, para quedar impotentes ante la masiva participación política callejera. No sólo el Atlántico Norte, también el Índico y Pacífico en sus puertos y capitales respondieron. Incluso, América Latina, usualmente ensimismada, ha tomado parte y diplomáticamente comenzó con la retirada de embajadores y llamado de personal diplomático a consultas.
Los imperialistas lo saben, han redoblado sus opciones y recurren a medidas de intimidación. En Cisjordania la joven activista y emblema de la rebeldía reciente, Ahed Tamimi ha sido secuestrada por las Fuerzas de Defensa Israelís. En Dartmouth College un par de estudiantes de pregrado fueron arrestados y están bajo amenaza de ser procesados si insisten en protestas pacíficas en el campus de la institución. Ni al Estado israelí ni a la universidad estadounidense parecen importarles apariencias o semblanza de legalidad en sus acciones. El descredito que acarrean el inventarle cargos a la primera y violar el principio básico de convivencia contra los segundos es consecuencia del interés por infundir miedo a otros. Calculan mal.
Lo más probable es que ambos ejemplos inspiren a la mayoría a mantener la protesta y repudio por las acciones de lo que ya se distingue como sionismo. Las negativas de sindicatos de estibadores belgas y catalanes a mover carga con armas para Israel, mientras otro barco fue bloqueado por poblaciones entre las que hay naciones indígenas, en Tacoma (estado de Washington, en los Estados Unidos) mandan un poderoso mensaje. Conjugado con la participación de judíos anti-sionistas en Israel y otras partes denunciando que nada de lo que la coalición gobernante hace puede serlo a nombre del Holocausto, muestran hay límites a la manipulación desde los medios.
La discusión sobre Palestina tiene diferentes momentos históricos, presentes y apuestas al futuro. No sólo la de 1948 con la fundación del Estado de Israel tras la nakba, los episodios de 1967, 1973, las intifadas, o las ofensivas desde 2008/9 y 2014 en Gaza. Todas esas fechas y efemérides son importantes, de todas aprendemos y reconocemos los procesos los que forman parte. Por un lado, la inestabilidad regional vía designios imperiales para controlar y someter a las provincias levantinas recolonizadas por migrantes europeos, por el otro, la expansión vía asentamientos ilegales de colonos en el despojo constante para un régimen de Apartheid. En conjunto permiten discutir cómo es que debe Israel negociar su lugar en el mundo más allá de la bestialidad de la fuerza, mientras que la independencia de Palestina no es negociable.
Sea volviendo a las fronteras del 67, bajo un esquema de dos Estados o la refundación de uno diferente para unos y otros, pero esta es una guerra en que se pueden hacer extensivos el daño e intensificar la miseria sin ganar. Fuera de los gobiernos imperialistas, Israel ha perdido el estatus de víctima y opera con la crueldad que esos aliados lo hicieron en sus colonias. Por supuesto que el cambio principal se debe dar en sus liderazgos políticos. La crisis en la que se han mantenido por años debe resolverse ahora y sólo así poder encontrar una salida diferente a la ensayada y perdida. La universalidad de Palestina es la que se ha afirmado este mes y por lo mismo tarde que temprano tendrán que reconocerse en ella.









