Por Adriana Colchado
La noticia de la trágica muerte de Gelasio Jiménez en la planta de Bimbo de Azcapotzalco no solo nos ha dejado dudas entre si volver a comprar o no pan del osito, sino que también ha sembrado dudas y especulaciones en el terreno de la seguridad laboral. ¿Cómo es posible que, en una empresa de la talla de Bimbo, con su historia y presencia global, un trabajador pueda quedar olvidado más de 24 horas en un contenedor de harina sin que nadie se percate?
La historia, brevemente viralizada por el periodista Carlos Jiménez, revela una realidad escalofriante: un trabajador encontró la muerte en una torre de harina, mientras realizaba labores de mantenimiento y su cuerpo sin vida solo fue descubierto cuando su familia, desesperada por la falta de noticias, acudió a la planta en busca de respuestas. Gelasio, permaneció más de 24 horas sepultado entre la materia prima que da vida al pan que todos conocemos.
El hermetismo con el que Grupo Bimbo ha manejado la situación deja un vacío fértil para la especulación. La falta de información detallada sobre cómo ocurrió el accidente, por qué nadie notó su ausencia y cómo pudo permanecer tanto tiempo sin ser descubierto genera interrogantes que alimentan la imaginación colectiva.
Es difícil de concebir que en una planta de tal magnitud no existan protocolos de seguridad básicos que registren la entrada y salida de empleados en zonas de riesgo. La ausencia de información clara invita a cuestionar la eficacia de los procedimientos de seguridad en el corazón de una de las empresas más grandes e icónicas de México.
Bimbo, una marca arraigada en la cultura mexicana, ha demostrado una destreza excepcional para eludir la atención mediática negativa. Su silencio, estratégico desde el punto de vista de relaciones públicas, pone de manifiesto la complejidad de abordar tragedias corporativas en la era de la información.
¿Este silencio se trata de un excelente manejo de crisis o una indolente estrategia para conservar su prestigio a costa del dolor de una familia? Pues en un contexto donde otras empresas podrían haber naufragado en la tormenta de la indignación pública, Bimbo se mantiene firme, resguardada por un osito que, por el momento, no revela su lado más oscuro.
Un comunicado oficial podría ser la herramienta adecuada para abordar la situación con respeto, transparencia y empatía. Aunque existe el temor comprensible de que esto lleve el caso a los titulares de noticias, también es una oportunidad para que Grupo Bimbo demuestre su compromiso con la verdad, la justicia y, sobre todo, con la vida de sus empleados. Expresar condolencias, reconocer el dolor y llevar a cabo una investigación exhaustiva serían pasos cruciales hacia la reconciliación con la familia afectada y la garantía de un compromiso genuino con la seguridad y el bienestar de sus empleados.
La seguridad laboral no debería ser un aspecto negociable en ninguna empresa, especialmente en una tan prominente y apreciada como Bimbo. Este trágico incidente debe ser un llamado de atención no solo para la empresa en cuestión, sino para todas las compañías, recordándoles la importancia de priorizar la seguridad y el bienestar de sus empleados. El manejo adecuado de la situación, con empatía y transparencia, no solo honraría la memoria de Galasio sino que también establecería un precedente significativo en el compromiso de las corporaciones con la seguridad y responsabilidad laboral.
Hasta aquí el chisme, lo viral, el tamal con crema… y también con pasas.









