Luego de que el pasado 7 de noviembre la Convención Constitucional, por mayoría de derecha y extrema derecha, le entregará una propuesta de borrador de una nueva constitución al presidente de Chile Gabriel Boric, se ha hecho oficial la segunda votación y último intento, en este periodo presidencial, por sustituir la Constitución de 1980 instaurada bajo la dictadura de Augusto Pinochet, la cual fue rechazada por el 55.7 por ciento de los chilenos.
“Ninguna propuesta logró representar ni unir a Chile en su hermosa diversidad. El país se polarizó y al margen de este contundente resultado el proceso no logró canalizar una constitución para todos”.
Gabriel Boric, presidente de Chile.
Aunque el proceso de revisión constitucional ha despertado un interés significativo, la postura mayoritaria de rechazo indica que una parte sustancial de la población no está convencida de las propuestas partidarias de Carta Magna.
Alrededor de 15 millones de personas fueron convocadas para participar en la votación de la segunda propuesta, dando como fallo su desaprobación, ya que solo el 44.2 por ciento votó a favor.
«A ver si después de dos procesos fallidos se consolida en Chile la necesidad de llegar a acuerdos porque finalmente el primer proyecto era de la izquierda y el segundo de la derecha».
Alberto Undurrag, presidente del partido Democracia Cristiana.
Una constitución conservadora
Entre las razones divididas se encuentran inquietudes sobre la estabilidad institucional y la posible alteración de los principios fundamentales que rigen el país.
La experiencia histórica de Chile ha estado marcada por heridas profundas en la memoria colectiva.

La dictadura militar que gobernó Pinochet en el país entre 1973 y 1990, dejó un legado de represión y violaciones a los derechos humanos.
En este contexto, la propuesta de una Constitución conservadora evoca recuerdos dolorosos y genera preocupación sobre la posibilidad de un retroceso en términos de libertades y derechos.
Particularmente, esta segunda propuesta fue sumamente criticada por la falta de reconocimiento de manera explícita y más bien negación de los derechos humanos de los grupos minoritarios, como mujeres, indígenas y migrantes.
Por su parte el presidente Boric ha declarado que no continuará en el proyecto de liderar el cambio de la Constitución, pues bajo la normativa del proceso esta era la última oportunidad en su periodo y en su lugar continuará por priorizar aportar a la democracia del país ejerciendo su labor.
«Independientemente del resultado, nuestro Gobierno continua trabajando por las prioridades de la gente”.

Este rechazo no implica necesariamente una falta de interés en la mejora y evolución del sistema político y legal de Chile. Por el contrario, sugiere que los ciudadanos desean una cuidadosa consideración y evaluación de las posibles implicaciones antes de embarcarse en un cambio tan significativo.
Es importante destacar que la participación ciudadana en este proceso ha sido notable, evidenciando el compromiso de la sociedad chilena con las cuestiones que afectan directamente a su estructura y funcionamiento.
La diversidad de opiniones resalta la importancia de fomentar un diálogo inclusivo y constructivo que permita abordar las preocupaciones y aspiraciones de todos los sectores de la población.
Fotos: @GrabrielBoric, @Presidencia_cl y Amnistía Internacional









