Blanca Alcalá
Como seguramente le ocurrió a muchas mujeres, me entusiasmó conocer el nombre de Kamala Harris como candidata a vicepresidenta de los Estados Unidos por el Partido Demócrata. Primero, por su destacada trayectoria como abogada de profesión, fiscal general de California y senadora nacional, vinculada con los temas de justicia. Segundo, por su condición de descendiente de padres inmigrantes: hija de un profesor universitario, economista de profesión, oriundo de Jamaica, y de una doctora de ascendencia hindú. Lo que la identifica con la causa de los migrantes y de distintas minorías en los Estados Unidos. Y, tercero, porque su condición de mujer refuerza el empoderamiento de muchas mujeres que hoy están desarrollando un ejercicio de liderazgo auténtico, cercano y eficaz en los asuntos públicos que enfrentan los países en todo el mundo.
Con estas premisas en mente, al inicio de la semana, me dispuse a seguir la convención del Partido Demócrata donde se formalizaría la nominación de Joe Biden y Kamala Harris a la Presidencia y Vicepresidencia de los Estados Unidos. Destaco entre lo observado las siguientes conclusiones. Por un lado, el reto que enfrentan esa y otras campañas electorales para hacer del formato mayoritariamente virtual un mecanismo atractivo que capte la atención de sus seguidores, y mantenga su sentido de realidad, cercanía y relevancia con el evento del cual forman parte. Por otro lado, el papel desempeñado por figuras claves quienes trasmitieron mensajes claros para motivar a la audiencia y convencerla de que sus posibilidades de ganar la elección son reales, y de que hay razones de sobra para argumentar entre los electores.
Michelle Obama y Bernie Sanders tuvieron roles decisivos. Ella, convenciendo con argumentos elocuentes sobre la importancia de recuperar el gobierno para resolver los problemas económicos derivados de la pandemia que hoy agobian a más de siete millones de personas que han perdido sus empleos. Michelle enfatizó las cualidades que, desde su óptica de ex primera dama, debe tener quien gobierne el país más poderoso del mundo: rigor en el trabajo y empatía con los ciudadanos; cualidades ambas –concluyó– ausentes en el actual mandatario. Sanders, por su parte, reconoció las diferencias con Biden, pero privilegió la necesidad de unir fuerzas contra el enemigo común, el presidente Trump. La presencia de otros demócratas, involucrados en ejercicios locales de gobierno, sirvió para evidenciar las gestiones exitosas de la alcaldesa de Chicago y del gobernador de Nueva York que contrastan con las decisiones equivocadas o erráticas mostradas por Trump en el manejo de la pandemia. La parte emocional corrió a cargo de los ciudadanos que ofrecieron sus testimonios. Familiares de las víctimas de covid, o aquejados por los graves problemas raciales que aun persisten en los Estados Unidos, como los hermanos de George Floyd quienes hicieron uso de la voz para denunciar las actitudes xenófobas y antiinmigrantes que han sido alimentadas por el actual mandatario.
Sin embargo, al concluir la Convención Demócrata, existen varias interrogantes. ¿Es suficiente para ganar la ventaja que hoy le dan algunas encuestas a la fórmula demócrata? ¿Qué tanto podrá influir la figura de Kamala Harris en los 30 millones de votantes afroamericanos o en los 32 millones de latinos que podrán votar este año? ¿Y cuánto influirá Harris en las mujeres, mayoría del electorado de ese país, para que aporten su voto a la victoria?
Lo anterior es interesante a la luz de los análisis divulgados por distintas encuestas y centros de investigación como el Pew Research Center el cual reveló que, pese a los puntos de vista fuertemente divididos de los votantes latinos hacia el actual mandatario, uno de cada tres lo aprobaba y 25% de ellos manifestó, en febrero pasado, que votaría por él para otros cuatro años. Lo ocurrido en los últimos meses podría modificar esa irónica preferencia, sobre todo considerando el impacto que los hispanos han experimentado como efecto de la pandemia. En 6 de cada 10 hogares latinos se registran pérdidas de trabajo o recortes salariales. Ellos son el grupo etario con el mayor número de contagios y decesos, y la mayor tasa de desempleo (18.5%), lo que afecta principalmente a mujeres. Será interesante observar si todas estas variables operan en favor de los demócratas para recuperar el voto latino que, en algunas ocasiones, ha alcanzado hasta 62% de sus preferencias. La moneda está en el aire. Por lo pronto, Kamala Harris, candidata inteligente y audaz, podría ser factor clave en la elección presidencial.

Blanca Alcalá
blancaalcalar









